Cuando Javier Echeverría tenía cuatro años, nació la empresa familiar a la que su él y los suyos se han dedicado con amor: Hivimar. Su papá la fundó en 1973 y desde ese momento han seguido creciendo de la mano. En la actualidad, la empresa a la que su papá lo llevaba cuando era niño, está en el ranking de las 500 grandes de Ecuador. Para Javier, cuidar de la empresa familiar ha sido como cuidar de su familia. Y como en toda familia, después de casi 20 años ha dado dado el paso natural y necesario de que las nuevas generaciones van tomando la posta en la dirección y guía. Hace unos seis meses, Javier se ha desvinculado de las operaciones de la familiar empresa para emprender otros proyectos, destinados a diversificar el patrimonio familiar.

Desde hace 7 años, Javier es parte de un grupo de empresarios que mensualmente se reúnen en un think tank internacional llamado Executive forums. Estos foros se realizan en la sala de sesiones del Bankers, y son espacios en los cuales sus miembros —todos empresarios de diferentes ramas— intercambian experiencias, ideas y pronósticos que les permiten aprender, innovar e intercambiar conocimiento con sus pares.

En los Executive forums, Javier pudo palpar el ambiente del club y la calidad de servicio que el Bankers ofrece a sus socios.

Javier tiene una energía alegre y jovial y maneja una motocicleta. Otra de sus aficiones es la gastronomía. Javier es un foodie apasionado. Pero su fuerte no está en la cocina, sino en la mesa. Uno de sus pasatiempos es salir a buscar lugares donde comer, de todo tipo, nacional e internacionalmente, alta gastronomía o huecas. Para él, los viajes de trabajo también son una oportunidad para aventurarse en nuevos rumbos culinarios. Comió en los célebres Celler de Can Roca y Eleven Madison Park, dos de los restaurantes que han ocupado el puesto número 1 de la respetada lista 50 best en los últimos 3 años. Uno de sus almuerzos favoritos fue en Japón, en Narisawa, el restaurante que este año ocupa el puesto número 18.

Cuando va a comer al Bankers, nunca repite un plato. La cocina de Stéphane le parece buenísima. “El restaurante es uno de los mejores restaurantes de Guayaquil, dice. Javier disfruta mucho de los eventos gastronómicos que se hacen en el club. Cuando hay chefs invitados, él no puede faltar en la lista de asistentes. “Me gusta la comida porque es una manifestación o expresión cultural” —dice— “Además del fútbol, además del humor, es un mensaje de comunicación que tenemos sobre nuestra identidad”. Por eso, Javier también está involucrado con la comunidad gastronómica local. Conoce a todos los chefs que están haciendo que la escena culinaria en Guayaquil se dinamice. “Tengo la suerte y el privilegio de que Stéphane haya cocinado varias veces en mi casa”, cuenta riendo. Javier dice que este hobby cada vez le consume más tiempo: su cuenta de Instagram es un diario de la comida que prueba.