Beber whisky es un arte que viene de Escocia. Según la región en la que fue destilado, las características variarán; el whisky de las Tierras Bajas tiene el sabor más suave, y el de las Islas más ahumado. Ambos diferentes al de Tierras Altas y Speyside.

El vaso también es importante. Tanto, que una propuesta para crear el mejor vaso del mundo para el whiskey, tiene gran acogida en una plataforma de internet para financiar proyectos. El diseño del vaso debe, por ejemplo, retener los aromas complejos, para que puedan ser apreciados por un conocedor. La calidad del vidrio juega un rol importante también, y sus formas, pues es importante que la bebida se aireé.

La experiencia de beber un whisky requiere de tiempo. Es una bebida que se disfruta con pausa, percibiendo el aroma, saboreando el matiz. El whisky, para un buen bebedor, se bebe sin agua, sin hielo. Sin prisa.

Una conversación puede durar horas, con un whisky en mano. Desde que lo sirven y se aprecia el color -que puede ir desde el un dorado pálido hasta un ámbar rojizo satinado de cobre- hasta que, ya en el vaso, el conocedor se acerca un poco, para percibir el aroma cuyos tonos pueden ser dulces como los avainillados o afrutados, salados o ahumados.

En el Bankers, es un placer ante el que sucumben los socios y sus invitados, que lo disfrutan en la barra, en el bar o en el restaurante. El ambiente del Club, su decoración, sus muebles, su personal, parecen combinar a la perfección con el whisky y el placer de disfrutarlo. No en vano es la bebida preferida de quienes frecuentan el Bankers; ellos tienen el buen gusto de los conocedores más exigentes.