Hace diez años, cuando los socios y sus invitados llegaban a almorzar en el Bankers, pedían una especialidad con mariscos que fuese diferente a la oferta gastronómica de una ciudad como Guayaquil, en donde se come, se aprecia y se disfruta, la comida del mar.  Manuel Ureña era mesero del club, y el pedido recurrente le plantó la idea de ofrecer un plato diferente a los tradicionales:  conversaba con sus compañeros, pensaba en la cantidad, se imaginaba la mezcla, hacía combinaciones en su cabeza. Sabía que la nueva receta tendría que convertirse en una firma del Bankers.

Una tarde sin mucho movimiento en el restaurante, le preguntó a Joffre Calderón —Jefe de Cocina del Club— si es que se podía hacer un risotto con calamar. Joffre, con sus años de experiencia encima, entusiasmado con la idea, le respondió: “Risotto a la tinta de calamar”. Juntos, empezaron a idear el que hoy es el plato estrella del Bankers.

Manuel tenía clara una cosa: tenía que combinar varios mariscos. Pensó primero, en la base, la corvina. Joffre le propuso la guarnición: el risotto. El resto, vino casi como una solución evidente: calamares, camarones, pulpo, y langostinos, todos acompañados de una salsa al ajillo.

La ocasión para ofrecer la flamante creación llegó pronto. A la hora del almuerzo, un cliente le pidió algo distinto: quería mariscos, pero nada que ya hubiera probado. Joffre preparó el plato que Manuel había ideado. “Ese señor se fue encantado”, recuerda Manuel. Desde entonces, la Corvina Bankers es hoy parte de la carta del Club. “Cuando algo sale bien, sale bien”, dice Manuel. Y los socios lo confirman.